Entornos laborales saludables: lo que la OMS ya dijo y (aún) no estamos aplicando.

Desde hace más de una década, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha dicho con claridad:

“Un entorno laboral saludable es aquel en el que trabajadores y empleadores colaboran activamente para mejorar continuamente la salud, la seguridad y el bienestar de las personas trabajadoras.” (OMS, 2010)

No es una frase bonita para decorar un PowerPoint. Es una declaración con peso internacional, sustentada en evidencia científica, y reconocida como estándar por gobiernos, instituciones y organizaciones de todo el mundo.

Entonces, la pregunta es obvia: ¿Por qué no se está aplicando?

 

 ¿Qué propone la OMS exactamente?

El modelo de entornos laborales saludables de la OMS se apoya en cuatro pilares fundamentales que deben estar interrelacionados:

  1. Entorno físico de trabajo: Condiciones materiales, iluminación, temperatura, ergonomía, seguridad física.
  2. Entorno psicosocial: Relaciones laborales, clima organizacional, estilo de liderazgo, gestión de cargas, sentido del trabajo.
  3. Recursos personales de salud: Fomento de hábitos saludables, acceso a programas de prevención, gestión del estrés, apoyo emocional.
  4. Participación de la organización en la comunidad: Compromiso ético con el entorno social, responsabilidad compartida, impacto positivo en lo colectivo.

Es un modelo holístico. Y sí, se ha replicado en múltiples guías nacionales, normativas e iniciativas públicas. Pero en la práctica, sobre todo en el ámbito de la intervención social, poco o nada de esto se cumple.

 

El caso del sector social: cuando trabajar acompañando termina enfermando

Somos profesionales del ámbito social: trabajadoras sociales, educadoras, integradoras, mediadoras, técnicas… Personas que acompañan el dolor, la exclusión, la violencia o la precariedad ajena desde su cuerpo y su emoción.

Y lo que vemos (y escuchamos) cada día es esto:

  • Cargas emocionales que no se supervisan.
  • Agresiones verbales o físicas normalizadas.
  • Sobrecarga crónica que se celebra como “compromiso”.
  • Insomnio, ansiedad o crisis de salud tratadas como fallos personales, no como efectos del entorno.

Y todo esto ocurre mientras en los discursos públicos se habla de salud laboral, cuidado emocional y sostenibilidad.

 

Lo que dice la evidencia (y que ya no podemos ignorar)

La propia OMS estima que cada año se pierden 12.000 millones de días laborales por trastornos mentales comunes como ansiedad y depresión. En Europa, se calcula que el 44% de las bajas laborales están relacionadas con el estrés laboral (EU-OSHA, 2023).

Y en nuestro contexto:

  • En el Estudio Estatal sobre Salud Psicosocial en Servicios Sociales Públicos (CCOO, 2024), más del 60% de los profesionales reportan agotamiento emocional frecuente.
  • En encuestas propias realizadas desde Alere en 2024, el 8 de cada 10 personas afirman que sus organizaciones no cuidan activamente su bienestar.

Entonces, no es una percepción. Es un problema estructural. Y es urgente.

 

¿Qué sí deberíamos estar haciendo?

Las recomendaciones de la OMS son claras. Y no requieren superpoderes, sino voluntad política, liderazgo consciente y coherencia organizativa.

✔️ Evaluaciones periódicas de riesgos psicosociales (no solo cuestionarios genéricos).

✔️ Supervisión profesional como herramienta de salud emocional.

✔️ Políticas que premien el equilibrio, no el aguante.

✔️ Formación sobre salud mental y autocuidados como parte del desarrollo profesional.

✔️ Equipos que cultiven una cultura del cuidado colectiva, y no del individualismo vocacional.

Porque tener fruta en la cocina o talleres de mindfulness puntuales no es cuidado estructural. Es marketing emocional si no va acompañado de condiciones reales.

 

En Alere lo decimos claro:

Acompañar no puede ser sinónimo de enfermar. Trabajar en lo social no puede seguir normalizando el sufrimiento emocional. El autocuidado no puede seguir siendo una responsabilidad individual cuando el entorno no lo permite.

La salud laboral no es solo física. Es también emocional, social y ética.

Y el modelo de la OMS es una hoja de ruta real, valiosa, ignorada. No podemos permitirnos seguir dejándola en un cajón.

 

 

Cuidar a quienes acompañamos a otras personas es cuestión de justicia.

De salud pública. Y de responsabilidad organizacional.

Desde Alere, seguiremos impulsando esta conversación y ofreciendo herramientas para transformar esta realidad.

 

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